domingo, febrero 5, 2023

De Barcelona 1992 a Tokio 2020, ¿cuáles son los Juegos Olímpicos más y menos sostenibles?

De Barcelona 1992 a Tokio 2020, ¿cuán sostenibles son los Juegos Olímpicos? Un estudio publicado recientemente en la revista Nature muestra que, pese a la pompa y la publicidad, no demasiado. Más aún: el análisis revela que, contra todo pronóstico, la sostenibilidad ha caído a lo largo del tiempo.

La hoja de ruta del Comité Olímpico Internacional tiene tres pilares: sostenibilidad, juventud y credibilidad. El requisito de sostenibilidad incluso está presente en el contrato que firma la ciudad que organizará el evento y el comité.

Sin embargo, según el estudio, «a pesar de la muy publicitada prioridad de organizar juegos sostenibles», lo cierto que algunas de las ediciones más recientes tienen un nivel bajo de sostenibilidad y que esta «ha caído significativamente durante el tiempo».

Para llegar a esta conclusión, los investigadores desarrollaron un modelo que les permitió medir la sostenibilidad de las últimas 16 ediciones de los Juegos Olímpicos de inverno y de verano boreal con base a tres dimensiones: ecológica, social y económica. Y establecieron cuatro categorías de sostenibilidad que van de rojo a verde.

Tras estudiar los juegos desde Albertville en 1992 a Tokio en 2020 (tomando en este caso datos provisionales que en algunos casos se modificarán), esto fue lo que descubrieron.

Barcelona y Río de Janeiro, en los extremos

De los 16 Juegos Olímpicos de invierno y verano boreales comprendidos en este período, ninguno alcanzó un nivel verde de sostenibilidad.

Los tres más sostenibles en el puntaje promedio de las distintas variables fueron los de invierno en Salt Lake City (Estados Unidos, 2002) y en Albertville (Francia, 1992) y los de verano en Barcelona (España, 1992)

Todos quedaron en la zona amarilla. Cabe destacar que, en lo que respecta a la dimensión del impacto ecológico, el estudio de Nature asigna a estas tres ediciones los mejores resultados, muy por encima de otras ediciones más recientes.

En términos ambientales, el estudio —que define los resultados de Salk Lake City y Albertville como «inesperados»— resalta que, si bien la edición en Francia fue muy criticada por los daños que causó la construcción de instalaciones deportivas nuevas, «fue un evento pequeño con un número moderado de visitantes y personal» en comparación a otros de los estudiados, lo que hizo que su huella ecológica fuera más limitada en comparación.

Al otro extremo están los juegos de invierno en Sochi (Rusia, 2014) y los de verano en Río de Janeiro (Brasil, 2016), que según la investigación presentan los peores resultados en términos de sostenibilidad. En el caso de Río de Janeiro, destacan que «desplazaron a un gran número de residentes» y dieron lugar a la promulgación de «excepciones legales amplias». También apuntan que las instalaciones que se crearon han sido poco utilizadas tras los juegos y que fue la edición que tuvo los mayores sobrecostos. Sochi, el único en la zona roja del análisis, tuvo un mal desempeño económico, que se suma a la construcción de infraestructura y el gran número de participantes

¿Cómo queda Tokio en este estudio?

En este análisis, Tokio quedó en el antepenúltimo lugar. El estudio fue presentado en marzo de 2020 y publicado en marzo de este año, con datos que en ese momento eran provisionales o proyecciones, por ejemplo, de la cantidad de espectadores, pero señala varios aspectos que explican por qué queda tan mal situado en el panorama general.

Destacan, por ejemplo, que desplazaron a más de 500 personas y que tiene una exposición financiera pública importante, ya que más de la mitad de los costos vinculados a los deportes los paga el Estado… Del otro lado, el 20% de las instalaciones deportivas son nuevas, lo que lo sitúa por debajo del promedio en esta variable.

3 acciones para que los Juegos Olímpicos sean más sostenibles

Para mejorar la sostenibilidad de los Juegos Olímpicos, se debería «reducir considerablemente el tamaño del evento», dicen los autores del estudio. Esto tendría como resultado una mejora en casi todos los indicadores porque haría que se necesiten menos recursos, impactando en variables que van desde las emisiones de carbono hasta el desplazamiento de personas.

Una segunda sugerencia es «rotar los Juegos Olímpicos entre las mismas ciudades». De esta manera la infraestructura necesaria ya existiría y se podrían realizar «con una alteración social y ecológica mínima y con un coste mínimo». Por último, los autores sugieren «mejorar la gobernanza de la sostenibilidad» a partir de un «organismo independiente que desarrolle, supervise y haga cumplir normas de sostenibilidad creíbles».

Sin embargo, hay un problema, advierte el estudio: «Actualmente existe una fuerte resistencia entre las partes interesadas en los Juegos Olímpicos a estas reformas, ya que podrían poner en peligro los flujos de ingresos (en el caso de la reducción), reducir el alcance universal de los Juegos Olímpicos (en el caso de la rotación) e imponer compromisos estrictos e innegociables en materia de sostenibilidad (en el caso de la mejora de la gobernanza)».

 
 
 
 
 

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