viernes, diciembre 9, 2022

Las claves para entender el conflicto entre el Gobierno de Etiopía y Tigray

Después de más de siete meses de guerra, el Gobierno federal de Etiopía declaró este lunes un alto el fuego unilateral en la ofensiva armada que mantiene contra la región norteña de Tigray, una noticia esperanzadora para la posible resolución de un conflicto que ha dejado miles de muertos.

Estas son las claves para comprender lo que ha ocurrido desde noviembre pasado, cuando estalló la guerra, hasta ahora en el conflicto de Tigray:

1. UNA PROMESA DEMOCRÁTICA TRAS AÑOS DE AUTORITARISMO

Tras una historia marcada por regímenes autoritarios, los etíopes y la comunidad internacional celebraron como una promesa democrática la llegada al poder en abril de 2018 del primer ministro, Abiy Ahmed, después de años de revueltas populares que forzaron la dimisión del anterior mandatario.

Durante las últimas tres décadas, esta nación africana había sido gobernada por el Frente Democrático Revolucionario Etíope (EPRDF), una coalición de cuatro partidos alineados con las etnias mayoritarias y dominada por el Frente Popular de Liberación Tigray (FPLT), que ejerció el poder con mano de hierro contra la disidencia.

Abiy inició su mandato con una cascada de medidas democratizadoras, como la legalización de partidos opositores o la firma de un histórico acuerdo de paz con la vecina Eritrea, que le valió el Premio Nobel de la Paz en 2019.

2. ENTRE EL CENTRALISMO Y EL FEDERALISMO ÉTNICO

Hasta la llegada de Abiy al poder, Etiopía funcionó con un sistema de federalismo étnico, basado -en teoría- en una representación igualitaria de las etnias de este país (de unos 110 millones de habitantes), que son más de 80 y, entre las cuales, los oromos (35 %) y los amharas (30 %) son mayoritarios, seguidos de los tigriñas (algo más del 7%).

Abiy -primer líder del país de líder de raíces oromas- es partidario, sin embargo, de una política de unidad nacional y más centralista, lo que le llevó a refundar el EPRDF en el Partido de la Prosperidad (PP), intentando extirpar el etnicismo de la política.

Asimismo, el mandatario forzó la dimisión de muchos altos cargos tigriñas (tanto militares como políticos), en una deriva progresiva de criminalización de este pueblo, según expertos.

Frente a estos movimientos, el FPLT no quiso integrarse en el nuevo partido y se retiró a su feudo, la región de Tigray, que destaca por una fuerte identidad nacional. Desde entonces, las tensiones entre Adís Abeba y Tigray no hicieron más que escalar.

3. ELECCIONES POSPUESTAS Y ESTALLIDO DE LA GUERRA

Aunque Etiopía celebró comicios generales el pasado 21 de junio, tras posponerlos dos veces (el año pasado por la covid-19 y este por problemas logísticos), el FPLT ya había celebrado por su cuenta en septiembre sus propias elecciones, consideradas ilegales por el Ejecutivo etíope.

Por si fuera poco, la formación tigriña dejó de reconocer cualquier autoridad federal desde el 5 de octubre de 2020, fecha en que vencía, teóricamente, el mandato de Abiy.

Así, después de meses de tensiones, las hostilidades explotaron finalmente el pasado 4 de noviembre, cuando Abiy lanzó una ofensiva armada contra el FPLT después de que la fuerzas tigriñas atacaran una base militar federal.

El primer ministro declaró la victoria apenas un mes después, tras la toma de Mekele, la capital regional, pero la guerra ha continuado, pese a la presión internacional para el cese de las hostilidades.

La contienda, además, adquirió un carácter regional con la implicación de las fuerzas de la vecina Eritrea (que el mandatario etíope no admitió hasta el 23 de marzo), acusadas de graves violaciones de derechos humanos.

4. HAMBRUNA, SAQUEO Y VIOLENCIA

A pesar del bloqueo total de las telecomunicaciones -que sigue siendo errático actualmente- durante los primeros meses del conflicto, organizaciones de derechos humanos lograron documentar numerosas y atroces masacres contra la población civil.

Según han confirmado fuentes humanitarias, se ha visto una estrategia evidente de saqueo generalizado y de destrucción de todas las infraestructuras de la región, desde los sistemas de agua hasta los hospitales y las industrias.

Desde el inicio de la guerra, miles de personas han muerto y cerca de dos millones se han visto desplazadas internamente, mientras al menos 75.000 han huido al vecino Sudán.

El hambre es una de las principales emergencias para la región ahora. Según la ONU, más de 350.000 personas se encuentran en condiciones de «catástrofe humanitaria» o hambruna -algo que el Gobierno etíope niega-, el nivel más alto de inseguridad alimentaria.

Se trata de la peor cifra en el mundo a día de hoy y durante la última década, desde la hambruna que asoló Somalia en 2011. Además, el conflicto ha impedido la siembra de los campos a tiempo para la estación lluviosa de junio.

Los comicios generales y regionales del pasado 21 de junio no se celebraron en Tigray, que no cuenta de momento con ningún representante electo en las instituciones federales, lo que dificulta un posible diálogo.

El alto el fuego, sin embargo, abre una nueva posible salida para el conflicto y podría suponer, además, un alivio para al menos 1,6 millones de personas bloqueadas en zonas casi inaccesibles para los actores humanitarios.

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