domingo, diciembre 4, 2022

La gran mayoría de la OCDE apoya el impuesto global del 15% a las multinacionales

Un total de 139 países negocian en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos una revisión del marco impositivo global que busca evitar que las grandes empresas eludan impuestos al trasladar sus ganancias a países con tasas más bajas

Cuando a comienzos de abril de este año el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo que las grandes multinacionales deberían ser gravadas con un impuesto global mínimo del 15 %, su propuesta comenzó a ganar adeptos rápidamente.

El grupo de las siete economías más desarrolladas del mundo (G7) le dio su visto bueno en junio y la Unión Europea siempre se mostró a favor, mientras que el G20 espera discutirlo a profundidad en octubre, con la esperanza de ponerlo en marcha en 2023.       

Pero quizás el paso más decisivo de la iniciativa hasta el momento lo dio este jueves primero de julio de 2021 cuando recibió el aval de 130 países de los 139 que conforman el llamado Marco Inclusivo, dentro del cual se desarrolla la negociación.

Entre los nueve países que no firmaron están Hungría, Estonia, e Irlanda. El ministro de Finanzas de este último dijo que el acuerdo “aún no era aceptable”, pues la tasa impositiva del 12,5 % lo ha ayudado a convencer a algunas de las multinacionales más grandes del mundo a emplear a uno de cada ocho trabajadores en el país.

 

Desincentivar los paraísos fiscales, una de las metas

La idea original de establecer un impuesto mínimo global corporativo lleva años discutiéndose en la OCDE, pero resurgió en abril en Estados Unidos, cuyo presidente quiso llevar al escenario global su “hartazgo” de las grandes compañías que no pagan lo justo por la actividad que desarrollan.

En efecto, el organismo con sede en París calcula que anualmente se dejan de recibir unos 240.000 millones de dólares debido a la evasión de impuestos de las grandes multinacionales.

Por eso, los gobiernos buscan eliminar una vieja costumbre: empresas que utilizan esquemas contables y legales para trasladar sus ganancias a países con tasas de impuestos bajas (conocidos como paraísos fiscales) y así eludir los gravámenes más altos en sus naciones de origen.

Según el acuerdo firmado este jueves, los países estarán en su derecho de gravar las ganancias extranjeras de sus empresas locales en casa, si éstas no pagan la cantidad de impuestos justa a través de subsidiarias en otros territorios.

La propuesta excluye a las firmas extractivas como la petrolera y minera, así como a los bancos regulados, y ha puesto el foco principalmente en las grandes tecnológicas.

Al acuerdo le espera todavía un largo recorrido. Debe completar su revisión en el G20, que representa alrededor del 80 % del Producto Interno Bruto mundial (PIB), primero por parte de los ministros de finanzas que se reúnen la próxima semana en Venecia, Italia, y después en la cumbre de líderes de octubre.  

La propuesta al desnudo: ¿quiénes pagarán y quiénes no?

El acuerdo apoyado por la mayoría de países tiene dos pilares: el primero va dirigido a las multinacionales digitales, aunque no se limita a ellas. Las que tengan una facturación mundial superior a los 20.000 millones de euros y tengan una rentabilidad (relación entre beneficios e ingresos) superior al 10 %, serían sujetas del gravamen.

Los países en los que esos grupos (entre los cuales estarían gigantes tecnológicas como Facebook, Twitter o Alphabet) obtengan ingresos superiores a un millón de euros (o a 250.000, en el caso de pequeños estados) tendrán derecho a recibir una parte de ese impuesto.

Es decir, los países en los que operen podrían tener parte de lo que sobre después de que el país donde la firma tenga su sede se haya quedado con el impuesto correspondiente al 10 % de la rentabilidad.

El segundo pilar se aplicará a las empresas con una facturación de al menos 750 millones de euros, a las que se aplicará un tipo mínimo del impuesto de sociedades de al menos 15 %, aunque la proporción sigue en negociación.

La OCDE estima que un impuesto global sobre la renta empresarial de al menos el 15 % podría generar alrededor de 150.000 millones de dólares en ingresos fiscales adicionales por año.

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